In&Out
La respuesta es un poco complicada de explicar, pero fácil de entender puesto que todos hemos estado In en algún momento. Y algunos otros hemos estado Out también otros muchos momentos.
Cuando estás In, puedes diferenciar muy bien a los que están Out. Si estás In, las personas que están Out son aquellas mas torpes que están separadas del resto, que no interaccionan con las gente guay y cool como tú. Si estás In, tu superioridad social te permite ver a esa gente que está por debajo de ti, como un rey ve a sus súbditos. Los ve, los comprende, los compadece y le da pena que aquellos Out estén fuera del círculo social. Del círculo que mola. Tú, como estas In, solo te relacionas con la gente que también está In. Quizá también hables en algún momento con algún Out, pero solo para darle ánimos de que siga intentando estar In o para demostrarle que eres tú el que esta In y no él. Por si acaso existía alguna duda.
Cuando estas Out, te das cuenta que aquellas personas que estaban Out son ahora tus compañeros y la gente In que creías de tu clase les tratan igual que te tratan a tí. Es un problema estar Out, porque si estás Out es que no estás In. Y claro, nadie quiere estar Out. A veces piensas que, por supuesto, estas In. Pero eso es solo una ilusión que no compartes con nadie. Y ya se encargará de recordarte alguien que estás Out. Ya sea la gente In para que sigas en tu pozo de sociabilidad, la gente Out para que compartas su suerte de Outismo o la mismisima realidad que cae como cubo de agua de encima del quicio de la puerta.
Yo nunca se si estoy In o si estoy Out. Y tampoco se si quiero estar In o si quiero estar Out. No se que es mejor de las dos cosas. Quizá esté en el inner of the outter space. O outter of the inner circle o out of the outter o in the inn. No se nada de eso. Lo que si que se, es que me toca las pelotas que me toquen las pelotas la gente que se cree In, o lo que es lo mismo, que crean que los demás están Out. En Valencia, al menos, todo el mundo nos creemos In pero estamos todos Out. El exceso de cloro de la piscina de Mislata me marchita la garganta y los oidos. Y el exceso de gilipoyez de los valencianos, poniendome yo mismo como abanderado, me marchita la moral.














