No sé si seré el único que se ha dado cuenta de la muerte del messenger. Ya no es lo que era. Antes, podías pasarte por el messenger y ver a todos los amiguetes conectados. Ahora ya no. Antes, la gente en vez de quedar para tomar una cerveza al aire libre, se tomaba su cocacola en pijama mientras con el alt+tab hacía mil cosas a la vez: hablar con los amigos, con la chica que acababas de conocer en un chat perdido entre los bits, y bytes, mirar chicas en pelotas en alguna página cochina, ver que pelis hacían esa noche y trolleando en algún que otro foro. Ahora ya no.
Los inventores de tal demonio, hicieron honor a su profesión y sacaron la opción definitiva: poder estar conectado en el messenger en modo invisible, esto es, sin que nadie te pudiera ver.
Tachan!
Al principio molaba, eras tú el dueño de las letras. Solo tú usabas esa última tecnología moderna. Hablabas con quien querias de tus amigos o conocidos. Eras tú quien decidía si iniciar una conversación o no. Y si, por alguna razón, querias mostrar tu cara al pueblo llano, pues le dabas a conectar y como si nada, aparecias inocente sin saber de que iba la cosa.
Esto se extendió. Y se expandió su uso. Y más y más personas hacían lo mismo: el camper. Permanecer agazapado, invisible a los demás, a la espera de alguien con quien decidir hablar. Hasta que un día, todos estaban invisibles. Todos esperando a que alguien diera el primer paso de iniciar sesion visible. Todos los francotiradores esperando a una presa a quien disparar sin ser vistos. Todos desde el balcón.
Iniciando el messenger para ver si había alguien. Y como está todo el mundo invisible, aparecer una planta rodante por entre las calles del pueblo fantasma. Ni una letra, ni una palabra, ni un inconito, nada.
Señores, el messenger ha muerto.